París, la ciudad con la que el serbio Novak Djokovic tiene su deuda más grande, escenario del único Grand Slam que se le resiste, se convirtió este domingo en el lugar en el que el serbio abrió la puerta de la leyenda al conquistar su sexto Masters 1.000 del año, una frontera que nadie había superado.

Su triunfo en la final del torneo bajo techo de la capital francesa contra el británico Andy Murray: 6-2, 6-4 en poco más de hora y media, marcó perfectamente la jerarquía: el número uno está muy por encima del dos.

 

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